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Cierran iglesias de Alemania por falta de fieles y sacerdotes


Apenas conocidas hace 20 años, las iglesias de inmigrantes están lentamente haciéndose un lugar en el paisaje religioso de Francia
El obispado católico de la ciudad alemana de Essen anunció este fin de semana el cierre de 96 de sus 350 iglesias para hacer frente a la caída en el número de fieles y sacerdotes, así como en los ingresos por el impuesto eclesiástico. En una carta que fue leída en todas las parroquias de la diócesis, el obispo Felix Genn afirmó que en el marco de su plan de saneamiento la Iglesia local eliminará de aquí a 2009 el 50 por ciento de sus cerca de dos mil empleos de plantilla.

En los próximos tres años, sus 260 parroquias acabarán fusionándose en 42 y también habrá que cerrar una tercera parte de las 375 guarderías de la diócesis. Genn dijo que el obispado se vio obligado a actuar en vista de la situación y explicó que el plan de ahorro recortará el presupuesto anual diocesano de aquí a 2009 en unos 70 millones de euros (85 millones de dólares), a unos 150 millones (180 millones de dólares).
En la diócesis de Essen, en la cuenca del Ruhr, viven cerca de un millón de católicos, de los cuales un 15 por ciento acude regularmente a la iglesia. Del obispado depende la organización católica de ayuda a América Latina Adveniat, que se financia con colectas realizadas en todo el país.
Auge de cultos étnicos en Francia.- Apenas conocidas hace 20 años, las iglesias de inmigrantes están lentamente haciéndose un lugar en el paisaje religioso de Francia. Pero, se enfrentan con obstáculos de funcionarios locales y quejas de parte de los vecinos. Existe más de un millón de protestantes en Francia, un país tradicionalmente católico de 60 millones de habitantes. Alguna vez luteranos y reformistas, los evangélicos son ahora más de un tercio de los protestantes, gracias en parte a la reciente llegada de africanos, haitianos y asiáticos.
Unas 250 “iglesias étnicas” funcionan tan sólo en las afueras de París, acogiendo a 36 mil negros evangélicos. Muchos provienen de la República Democrática del Congo, antiguamente llamada Zaire, pero también de Camerún, Costa de Marfil y otros países africanos. “Tenemos 15 nacionalidades en nuestra iglesia, incluyendo a algunas del Caribe, africanos francófonos, angloparlantes de Uganda y Nigeria, incluso algunos árabes conversos”, explicó Felicien Mas Miangu, pastor de La Asamblea Evangélica Le Rocher en Montreuil.
Francia, cuya política de separar la Iglesia del Estado puede volverse antirreligiosa cuando es aplicada por funcionarios incondicionalmente seculares, ha pasado dos años descubriendo quienes son en realidad estos cristianos evangélicos. A menudo sin ser religiosos ellos mismos, los funcionarios de menor categoría saben poco acerca de las denominaciones protestantes y a veces sospechan que cualquier cosa diferente al catolicismo puede ser una secta peligrosa.
Las desconocidas iglesias étnicas colmaron los titulares a comienzos de 2004 cuando dos publicaciones describieron a los evangélicos como “los aliados de Bush” y como “una secta que quiere conquistar el mundo.” El reverendo Jean-Arnold de Clermont, director de la Federación Protestante Francesa, dijo que los evangélicos eran “víctimas del daño colateral” de la confrontación entre Francia y su gran minoría musulmana, y de la hostilidad francesa para con la administración Bush.

La iglesia católica brasileña, preocupada por la pérdida de fieles frente al aumento en las iglesias evangélicas


La Iglesia católica brasileña esta preocupada por la pérdida progresiva de fieles que migran a otras creencias, especialmente los evangélicos. Así lo admitió el secretario general de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, Odilo Scherer.
Designado recientemente arzobispo de San Pablo, el prelado sugirió que esta pérdida puede ser consecuencia de métodos no adecuados de la propia Iglesia católica (ICR) para conservar y atraer a los creyentes.
Scherer, un hombre “allegado” al actual Papa, subrayó que hay que reflexionar sobre los motivos que producen esta disminución de fieles.

No dudó de que las causas deben buscarse dentro de la propia institución religiosa, aunque también la adjudicó al creciente individualismo de las sociedades modernas.
Las estadísticas indican que los brasileños son todavía predominantemente católicos, pero esa adherencia viene en caída: hace 20 años eran 90% de la población; hoy suponen sólo un 74%.
Un censo de 2000 demostró que los pastores evangélicos ya habían llevado a la fe en Jesús -según la doctrina protestante- a inicios de este siglo 26 millones de almas brasileñas sobre un total de 170 millones de habitantes.
Hoy se estima que la cantidad de creyentes que participa de los cultos protestantes: tradicionales, pentecostales y neo-pentecostales, asciende a 40 millones, lo que representa más de 20% del total poblacional.
Los especialistas afirman que el aumento de la influencia de la liturgia evangélica puede en parte explicarse por su relación con el mundo de los pobres. Según los datos disponibles es mucho menos probable encontrar un rico entre los pentecostales que entre los católicos.
En relación con la participación en las celebraciones de sus cultos, el 82% de los evangélicos admitió ir a su iglesia al menos una vez por semana. Entre los católicos, sólo 36% lo hacen. Otro 42% de estos últimos van a misa en forma rara o no asisten nunca.

Testimonio de una feligresa: “Por qué dejé la Iglesia católica”


"Hoy no volvería a la religión católica porque en mi nueva iglesia aprendí y siento que encontré la verdad", sentenció.
Josefa es una española de 72 años, viuda con 3 hijos y 9 nietos. Fue criada en la fe católica y ya en Argentina se casó por iglesia y bautizó a sus hijos. Iba a misa todos los domingos, participaba de los grupos de la parroquia y cuando comenzaron las reuniones carismáticas formó parte de un grupo de matrimonios. Un día paseando con su marido escuchó a un pastor predicando el Evangelio en una plaza y se acercó.

Ese fue el primer paso que terminó hace 14 años con un cambio de religión.
“Cuando escuché a ese pastor sentí que algo me atraía” cuenta Josefa. “Yo quería eso, veía una claridad en la forma en que hablaba y explicaba la Palabra que me tocaba; nunca había escuchado hablar así. Seguía yendo a misa y a los grupos de oración, pero escuchaba por radio un programa evangélico y me daba cuenta que yo no sabía nada. Había cosas que se me mezclaban y me preguntaba ¿dónde está la verdad?, ¿cuál es la verdad? Así que durante mucho tiempo fui a las dos iglesias, pero sentía que tenía que tomar una decisión. Empecé a ir a las reuniones evangélicas y un día el pastor hizo la oración de entrega a Jesús como Salvador de nuestra vida. Fue una unción tan grande que nunca había sentido algo igual en una misa. Volví a mi casa cantando, feliz”.
Josefa cuenta: “Leía el catecismo y nunca había estudiado la Biblia, así que empecé a hacer un curso bíblico. Me acuerdo que tenía que contestar preguntas y les decía a mis hijos ‘ustedes que van a la facultad, ¿me pueden explicar esto?’. Pensaba que era una cuestión de sabiduría humana, pero el Espíritu Santo me abrió el entendimiento. En el curso decían que había que bautizarse y servir en la Iglesia y en 1993 decidí hacerlo”.
Para ella, la diferencia radica en que “mientras la misa era una mera tradición, en estas reuniones había una vivencia. Dios estaba resucitado y había libertad para que se manifieste el Espíritu Santo. También, más oración. Las personas crecían espiritualmente y eso viene acompañado de más servicio, del diezmo y del sostenimiento de las misiones”.
Y concluye: “Hoy no volvería a la religión católica porque en mi nueva iglesia aprendí y siento que encontré la verdad”.
Clarín

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